El término de Villamartín ha conocido pobladores desde la Prehistoria, por lo que se puede deducir de los restos encontrados en estas tierras. El Dolmen de Alberite, situado en la cuenca media del Guadalete, consta de una galería cubierta de 20 metros es uno de los máximos exponentes del Megalitismo. Su diferenciación interior se realiza mediante jambas (losas o estelas de separación), con ortostatos (losas laterales y de cubierta) de grandes dimensiones y hasta ocho toneladas de peso. En su interior se encontraron los restos de dos individuos (un varón y una mujer) cuyos huesos fueron previamente descarnados y espolvoreados con ocre. Contaban como ajuar funerario con útiles de piedra pulimentada, tallada, más de un millar de cuentas de collar en piedra, hueso, concha y ámbar, una paleta para el ocre junto a machacadores y un gran cristal de cuarzo de 20 cm. Algunos restos de fuego en su interior han permitido su datación mediante el método del carbono 14 fechándolo en torno al 4.000 antes de Cristo, en datos calibrados, por lo que es considerado uno de los más antiguos de la Península Ibérica y del NW. de Europa.

Otro testigo de la Historia es el Castillo de Matrera está situado a 526 metros de altura. Matrera formó parte de la llamada “Banda Morisca”, junto con los castillos cercanos de Lopera, Cote, El Águila y El Bollo. Esta demarcación fronteriza estaba destinada a defender la ciudad de Sevilla y su comarca de las incursiones musulmanas desde la inmediata Sierra de Cádiz. El Castillo de Matrera es de construcción cristiana. El amplio patio de armas es de planta poligonal ligeramente elíptica, de grandes dimensiones y con dos puertas de acceso, la Puerta del Sol y la de los Carros, que se abren al levante y poniente respectivamente, defendidas por robustas torres de planta cuadrada. El recinto fortificado también está defendido por varias torres de flanqueo, de las que solo se conserva su arranque.

Pero el Villamartín que conocemos como tal, nace en época moderna. El día 4 de febrero de 1503, Martín Hernández de Morón, de la localidad de Bornos; Diego Sánchez Armario, de Arcos de la Frontera; Benito Sánchez, de El Coronil; Pedro Núñez de Cantillana, de Los Molares; Juan Martínez Madroñal, de Bornos y Juan González Calvo, de Cabañas, actuando en representación de 118 vecinos cabezas de familia, de las localidades de Archite, Benaocaz, Morón, Olvera, Mairena, Arahal, Paradas, Bornos, Alcalá, El Coronil. Arcos, Los Molares y Cabañas, firman la Carta Puebla con los representantes de la Ciudad de Sevilla, propietaria de Villamartín y de los terrenos denominados como Campo de Matrera, que había recibido en donación por el rey Alfonso XI mediante Real Privilegio expedido en Tordesillas el día 10 de abril del año 1342 como premio a la ayuda prestada por la capital hispalense en su reconquista a los árabes.