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Viernes 25 de julio de 2014


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Historia

Al retirarse definitivamente hacia el norte los hielos de la última glaciación, los valles del Guadalquivir y del Guadalete quedan constituidos como un “Creciente Fértil”, es decir, un lugar óptimo para el temprano desarrollo de la agricultura y de la ganadería. Y es en este espacio donde surge la civilización megalítica autora del campo dolménico de Alberite, los primeros habitantes de lo que mucho más tarde sería el término municipal de Villamartín. Es ésta una sociedad tribal de economía agropecuaria, que podemos situar temporalmente en torno al año 4.000 a.C.

Torrevieja también confirma una ocupación humana con base en momentos neolíticos (finales del IV Milenio), con industria lítica y cerámicas a mano. La elección del monte de Torrevieja, a 196 m. de altitud, estuvo motivada por intereses que posteriormente volverían a repetirse periódicamente: emplazamiento en altura con amplio control visual; situación entre ríos al borde de la vía fluvial más importante de la región; localización en un punto central de unas vías de comunicación de origen antiquísimo y rodeado de fértiles tierras para el cultivo y la ganadería.

En la Edad del Cobre, hacia el II Milenio a.C., el poblado de Torrevieja nos pone de manifiesto una sociedad de economía agropecuaria muy desarrollada, que parece ser la primera en apartar al caballo de la dieta alimenticia, para destinarlo a animal de montura y tiro. También es la responsable de introducir la metalurgia del cobre y el bronce de forma extendida por toda Andalucía. Este poblado fue abandonado y el lugar no vuelve a ser ocupado hasta más de un milenio después, durante el final de la Edad del Bronce.

Durante la época tartésica, entre fines del siglo VIII y principios del siglo VI antes de Cristo, el asentamiento de Torrevieja es un emplazamiento de gran extensión, constituido por cabañas de materia vegetal y donde destacan los ajuares cerámicos, formados por productos fenicios a torno, recipientes fabricados en alabastro y grandes vasos con decoración figurativa orientalizante, acompañados de algún objeto realizado en marfil. La época tartésica coincide con un importante poblamiento en la cuenca media del río Guadalete, que se situaba en un importante nudo de comunicaciones, al encontrarse en el eje del camino terrestre conocido como Vía Heraclea, que aseguraba la comunicación, ante circunstancias desfavorables para la navegación, entre las factorías fenicias de la costa mediterránea andaluza con la Bahía de Cádiz y Tartessos.

Esta ciudad amurallada u oppidum de Torrevieja supone el nacimiento del fenómeno urbano muy anterior a 1.503 d.C. Su evolución se vio truncada por la asimilación de Cartago y, fundamentalmente, por la ulterior conquista de Roma. En Torrevieja no existe ocupación romana, porque posiblemente el lugar fue abandonado con motivo de los disturbios y conflictos que tienen lugar en todo el valle del Guadalquivir durante la II Guerra Púnica, a finales del siglo III a.C.

El establecimiento de condiciones pacíficas impuestas por el dominio de Roma sobre la Bética hizo innecesarias las ventajas topográficas de un emplazamiento en altura como Torrevieja. De la dominación romana destacan importantes restos arqueológicos, fundamentalmente los núcleos de villas rústicas, que formaban parte del ager o territorio de explotación económica de la ciudad de Carissa Aurelia, la capitalidad romana de la Sierra de Cádiz, siendo la etapa bajoimperial el período de mayor florecimiento de estas explotaciones agrícolas en toda Hispania.

La adopción del Cristianismo como religión oficial del Imperio Romano a principios del siglo IV y la posterior integración del elemento visigodo entre la población hispanorromana supondrán la continuidad de estas grandes explotaciones latifundistas, ahora en manos de las jerarquías eclesiásticas y la nobleza visigoda.
En el ámbito de Villamartín, se conoce la lápida funeraria del dux Zerezindo, un jefe militar visigodo de esta zona de la Bética a finales del siglo VI.Del abundante registro arqueológico conocido se desprende una importante implantación visigoda, y la presencia del duque nos informa de la importancia militar y estratégica de la zona del Guadalete, que se convirtió en la frontera entre el Reino Visigodo de Toledo y los dominios bizantinos.

La Batalla del Guadalete entre musulmanes y visigodos supone la derrota de éstos y la consiguiente invasión de árabes, sirios y bereberes, produciéndose un cambio radical respecto de la situación anterior. El territorio de Villamartín pasa a incluirse en el extremo nororiental de la demarcación militar y administrativa de la Cora de Sidonia.
Tras un dilatado espacio de tiempo, más de 1.000 años, Torrevieja volvió a ser ocupada, dadas las incuestionables ventajas que presenta este emplazamiento.
Esta presencia islámica en Villamartín la atestigua el yacimiento arqueológico andalusí recientemente descubierto en nuestra localidad. Se trata de un extenso asentamiento que se extiende por toda la zona de Torrevieja hasta las inmediaciones del templo parroquial, de topónimo desconocido. Fechado entre los siglos IX al XI, ocupa las fases históricas del Emirato, el Califato de Córdoba y la desmembración de éste en Reinos de Taifas. La función de este establecimiento debe relacionarse con el control del territorio, especialmente de la zona del Guadalete.

A finales del siglo IX, Omar Ben Hafsun impulsa la construcción de la fortaleza de Matrera para, desde ella, defender Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda. Construido durante la rebelión muladí, el castillo de Almajar o de Matrera sufrió un incesante cambio de manos entre cristianos y árabes.

La ocupación de Sevilla por Fernando III en 1.248 llevó a la anexión de la zona del Guadalete. Su hijo Alfonso X inició una campaña, en 1.253, con la ayuda de la Orden Militar de Calatrava, eliminando a los jefes musulmanes locales. El 10 de junio de 1.256, Alfonso X donó el Castillo y todo su término a la citada Orden, que lo había conquistado al mando de su Maestre Pedro Yáñez.

La primera constancia de Villamartín como núcleo urbano y con esta denominación es del año 1.284, en que el Rey D. Sancho otorgó un privilegio a Sevilla, confirmando otro de su padre Alfonso X, concediéndole una serie de lugares entre los cuales está Villamartín. La pérdida de la fortaleza de Matrera dio al traste con este intento repoblador.

En fecha aún no determinada, entre 1.296 y 1.322, los campos de Matrera vuelven a manos musulmanas, permaneciendo así hasta que Alfonso XI en 1.341 la toma de nuevo junto a Alcalá de Benzaide, Priego, Rute y Benamejí.

Mediante un privilegio rodado firmado en Tordesillas el 1 de abril de 1.342, el rey Alfonso cedió Matrera y su término al Cabildo de la ciudad de Sevilla, poblándose de nuevo la villa. La fuerte inestabilidad de la “banda morisca” hizo que tampoco prosperara este intento.

En 1.408, el Rey de Granada, desde Zahara, fracasó en su intento de conquistar de nuevo Matrera. En 1.421, Juan Ortega, jurado sevillano, se comprometió a poblar nuevamente la villa y consta que Guillén de las Casas financió la construcción del nuevo asentamiento, incluida una torre, que en 1.434 poseía el citado Guillén, hijo de Fernán Peraza.

En 1.445 sufrió la fortaleza un nuevo asedio a manos del Rey granadino Mohamed Aben Ozmín, que hizo fracasar el Duque de Arcos.
De nuevo, en 1.452 se producen combates en el Encinar de Mataparda, que gana el Duque de Arcos, y en 1.482 tiene lugar la batalla del “Lomo del Judío”.

En 1.486 se produjo un litigio entre Inés Peraza y el Concejo de Sevilla, de tal calibre que tuvieron que intervenir los Reyes Católicos. En una carta de “El Tumbo de los Reyes Católicos del Consejo de Sevilla” se desprende que Inés Peraza poseía el lugar de Villamartín, concedido a condición de elevar una fortaleza en él.
Sevilla había tomado por la fuerza el lugar y expulsado a Inés y su familia. El 20 de mayo de 1.486, los Reyes Católicos ordenaron restituir el lugar a Inés Peraza. Se desconoce el final del litigio, pero en 1.503, la mencionada torre, el Castillo de Matrera y sus tierras eran parte de los propios de Sevilla.

La fundación del Villamartín moderno data del 4 de febrero de 1.503, cuando el Cabildo de Sevilla decide poblar las tierras del Campo de Matrera, cediéndoselas a 118 pobladores, procedentes en su mayoría de pueblos de los alrededores. La escritura pública de Carta – Puebla la firmaron Martín Hernández de Morón, de la localidad de Bornos; Diego Sánchez Armario, de Arcos de la Frontera; Benito Sánchez, de El Coronil; Pedro Núñez de Cantillana; de Los Molares; Juan Martínez Madroñal, de Bornos; y Juan González Calvo, de Cabañas, actuando en representación de los 118 vecinos citados, cabezas de familia, de las localidades de Archite, Benaocaz, Morón,
Olvera, Mairena, Arahal, Paradas, Bornos, Alcalá, El Coronil, Arcos, Los Molares y Cabañas, principalmente, junto a otros de El Endrinal (Salamanca), el Aljarafe y el Condado de Huelva.

Por medio de la citada escritura pública de Carta – Puebla, adquirieron los 118 vecinos el pleno dominio de aquellas tierras mediante el pago a Sevilla de un millón de maravedíes como tributo anual, con la obligación de labrar cada uno de ellos una casa a sus expensas para fundar el pueblo.
En este acuerdo se establecía la creación de un Concejo con sus bienes y sus rentas, realizando Sevilla la elección del Concejo entre los candidatos propuestos por los vecinos de Villamartín.

Los problemas para estos pobladores comenzaron muy pronto: a la terrible crisis de comienzos de siglo se unió la peste bubónica que asoló la población en 1.507. Los que lograron sobrevivir a aquella epidemia quedaron en condiciones muy precarias y con mayores cargas económicas, ya que al ser menos a repartir la renta que habían de pagar al cabildo de Sevilla, tenían que pagar más, motivo que impulsó a muchos a marcharse, siendo el éxodo tal que en una Carta Real recogida en las Actas Capitulares de Sevilla, se indica que sólo quedaron 17 vecinos y no es hasta 1.511 cuando la villa empieza a recuperar población.

Así las cosas, en 1.507, Sevilla, que sabía de las dificultades de aquellos vecinos para salir adelante, empezó a presionarlos y terminó por posesionarse de nuevo del Campo de Matrera, despojándolos de las tierras, que reasumió para sus propios. El año siguiente, 1.508, Sevilla da en arriendo el Campo de Matrera a doce personas por el plazo de 10 años, reduciendo a 800.000 maravedíes el censo impuesto sobre el citado campo.

La reina Doña Juana, en 1.509, expide una Real Cédula desaprobando la conducta de Sevilla e imponiéndole la obligación de volver al acuerdo de 1.503, guardando y cumpliendo lo indicado en la Carta – Puebla, y manteniendo la rebaja de los 200.000 maravedíes, pero en 1.511 Sevilla se vuelve a posesionar de aquellos campos y, con la reordenación que realiza, no hace más que consolidar la pérdida de la propiedad de la mancomunidad de vecinos.

No obstante el estado de la situación, la población se fue consolidando, y en 1.518 ya poseía un arrabal, signo de la prosperidad que iba alcanzando esta población, que hacia 1.525 empezó a trasladarse desde su emplazamiento inicial, en la zona del Serrecín, al actual, alrededor de la Iglesia Parroquial.
A pesar de las dificultades, en la primera mitad del siglo XVI se inician las obras del Templo Parroquial, así como del Hospital de la Concepción, que estaría prestando servicios hasta el año de 1.820. En el último tercio del siglo XVI ya está consolidada la Feria de Ganados como una de las más importantes de España.

El 22 de marzo de 1.547, Martín Infante, en nombre del Concejo de Villamartín, demanda al Cabildo de Sevilla ante la Real Chancillería de Granada, en pro del cumplimiento del contrato de 1.503. Se inicia con ello el Pleito de Matrera.
El 2 de abril de 1.558, la Chancillería de Granada falla a favor de Villamartín, ante lo cual Sevilla pide la revisión del Pleito. El 28 de noviembre de 1.806, la Chancillería de Granada falla por segunda vez a favor de Villamartín, confirmando la sentencia de 1.558. En 1.815, ante el recurso en segunda súplica interpuesto por Sevilla ante el Supremo Consejo de Castilla, se continúan las diligencias del pleito, y en Septiembre el
Ayuntamiento de Villamartín da poderes a Don Bernardo de los Ríos para buscar un crédito en Madrid para continuarlo. Por fin, el 18 de febrero de 1.818 se falla definitivamente el Pleito de Matrera a favor de Villamartín. Había durado 270 años, 10 meses y 18 días.

El siglo XVII fue especialmente tortuoso para Villamartín, que experimentó un gran retroceso, provocado no sólo por las sequías de los años 1.605, 1.616 y 1.617, sino también por las epidemias de 1.601, 1.646, 1.674 y 1.683. A finales de siglo, en 1.694, el rey Carlos II vendió la jurisdicción del Campo de Matrera al Marqués de los Alamos del Guadalete, que en lo sucesivo montaría Ayuntamiento y percibiría ingresos derivados de la administración de justicia y la recaudación de impuestos.

En la centuria siguiente también sufrió nuestra localidad un duro revés, pues le fueron segregadas las dehesas de Almajar y Prado del Rey, gracias al plan de repoblación de Olavide, que a partir de 1.768 pasaron a formar el término de Prado del Rey. Este hecho provocó muchos conflictos entre los pobladores de las dos localidades, inicio de una larga enemistad entre ambas, hoy ya superada.

Villamartín inicia la Edad Contemporánea con la traumática experiencia de la Guerra de la Independencia, que marca el inicio de una nueva etapa en la historia social de la localidad. Al comienzo del siglo XIX, Villamartín contaba con 400 casas y 1.700 habitantes; al retirarse la guarnición francesa en 1.812, la economía local estaba exhausta, los campos abandonados, los jóvenes en el frente y el casco urbano semiderruido.

En 1.833 se produjo la aprobación de la nueva división provincial realizada por el granadino Javier de Burgos, siendo adscrito nuestro municipio a la demarcación provincial de Cádiz.
Y en 1.844 el Duque de Ahumada funda la Guardia Civil en la Hacienda del Rosalejo,
término municipal de Villamartín.

Otros dos hechos fundamentales marcan el inicio de la Edad Contemporánea en Villamartín: la recuperación del Campo de Matrera y el polémico reparto de tierras comunales que dividió y enfrentó al vecindario hasta bien entrado el siglo XIX.
Pese al convulso siglo decimonónico español, Villamartín cuadruplica su población en esa centuria, llegando a finales de siglo con más de cinco mil habitantes.

A principios del siglo XX se fundó la Villamartín Petroleum Company para explotar el yacimiento petrolífero hallado en la localidad, el primero de España, pero pronto fue abandonado por la baja calidad del crudo villamartinense.

En los años veinte de la pasada centuria se realizaron dos obras importantes en el entorno de Villamartín: el puente sobre el Guadalete, más conocido como Puente de los Hierros, y el trazado del Ferrocarril Jerez – Almargen. El primero sustituyó definitivamente a las barcazas para el paso del río; el segundo nunca llegó a funcionar.

La convulsa etapa que va desde la II República y la Guerra Civil a la Posguerra, se saldó en Villamartín con más de un centenar de muertos y desaparecidos por el conflicto, con buena parte de la población hambrienta y con cientos de jornaleros sin trabajo, a lo que hay que añadir la extrema dureza de la represión de los vencedores sobre los vencidos.

A pesar de la permanencia del Régimen Franquista, los años cincuenta señalan un nuevo periodo de la historia local, marcado especialmente por la construcción de viviendas sociales. Pocos años antes había entrado en funcionamiento el Hospital de Santa Isabel, gracias a un legado de índole civil con finalidad benéfica.

El final de la década de los cincuenta y la década siguiente están marcadas por una fuerte emigración, tanto al extranjero (Alemania, Francia, etc.) como a otras zonas del país, especialmente Cataluña. No obstante, al final de los años sesenta, una serie de construcciones y servicios van presagiando la función de cabecera de comarca que en adelante tendría nuestra localidad, entre las que destacan el Colegio Libre Adoptado de Enseñanza Media (futuro Instituto de Bachillerato) y el Ambulatorio de Ntra. Sra. de las Montañas, que iniciaría su actividad en 1.969, pasando a ser Centro de Salud en 1.988.

Desde los años setenta y hasta la fecha han ido ubicándose en Villamartín muchos de los servicios comarcales de la Sierra de Cádiz, por lo que se ha convertido en lugar de tránsito y paso diario de un gran número de personas. Entre estos servicios podemos resaltar el Hospital Concertado Virgen de las Montañas y la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz, cuya sede confiere a nuestra localidad el carácter de capitalidad político – administrativa de la comarca.
 


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